Por: María Isabella Ríos – Médica experta en nutrición funcional
@doctora.isa

El término pandemia generalmente se asocia con enfermedades de rápida propagación y consecuencias devastadoras, como lo fue la crisis sanitaria global del COVID-19. Sin embargo, existe una pandemia menos visible, pero igualmente letal: el consumo excesivo de alimentos ultraprocesados. Estos productos han demostrado ser uno de los principales factores detrás del aumento de enfermedades cardiovasculares, la principal causa de muerte en el mundo, superando incluso al COVID-19.
Los alimentos ultraprocesados son productos industriales sometidos a múltiples etapas de procesamiento. Contienen aditivos, conservantes, saborizantes y otros compuestos que disminuyen su valor nutricional. Aunque suelen ser atractivos y convenientes, su consumo regular contribuye al desarrollo de obesidad, diabetes y otras enfermedades crónicas. Elegir adecuadamente estos productos es un reto diario en un mundo saturado de opciones poco saludables.
Para enfrentar esta pandemia silenciosa, es esencial aprender a leer las etiquetas de los productos. El primer paso es revisar la lista de ingredientes, evitando aquellos con más de ocho o diez componentes, especialmente si incluyen nombres difíciles de pronunciar. Un buen ejemplo es el queso, donde los ingredientes clave deberían ser leche, cuajo y probióticos. Si predominan aditivos y azúcares, se trata de un producto poco recomendable.
El orden de los ingredientes también juega un papel crucial. El primer elemento en la lista es el que se encuentra en mayor cantidad. Por ejemplo, si un yogurt tiene azúcar como primer ingrediente y la leche aparece después, es evidente que el producto contiene más azúcar que lácteos. Esta información, aunque simple, suele pasar desapercibida por los consumidores.
Además, es importante identificar ingredientes problemáticos como el azúcar en sus múltiples formas (sucralosa, jarabe de maíz, fructosa) y los aceites vegetales refinados o hidrogenados, que pueden afectar la salud cardiovascular. También se deben evitar colorantes y endulzantes artificiales derivados del petróleo, como la tartrazina o el glutamato monosódico, y optar por alternativas naturales como la clorofila o los betacarotenos. En conclusión, la clave para combatir esta pandemia silenciosa radica en la educación alimentaria y en tomar decisiones informadas. Leer etiquetas, evitar listas de ingredientes extensas y priorizar alimentos frescos y naturales son pasos fundamentales para mejorar nuestra salud. Cada elección cuenta, y con conciencia y responsabilidad podemos cambiar nuestros hábitos para un futuro más saludable y sostenible.